27 feb. 2013

El día que otros Papas se plantearon renunciar



Mucho se ha hablado desde el pasado lunes sobre la renuncia deBenedicto XVI. Su decisión además contaba con los escasos precedentes y pronto se recalcó que hacía 600 años que no se producía una decisión como la tomada por el Pontífice alemán, algo que dice y mucho de la personalidad del Papa.

Sin embargo, lo que no se ha contado es que no hay que irse tan lejos en el tiempo para ver a Papas que realmente meditaron y de manera seria la posibilidad de renunciar al Pontificado. Y hablamos del siglo XX, con Juan XXIII y Pablo VI.

Sobre estos hechos pocos conocidos se habla en un artículo deReligión en Libertad, que recoge el testimonio de Marco Roncalli periodista y sobrino del conocido como el "Papa Bueno".

En este sentido, Roncalli recuerda que Pablo VI se planteó seriamente la posibilidad de presentar la renuncia aunque nunca decidió hacerlo público. No fue hasta veinte años después de la muerte del Papa Montini cuando su confesor, el cardenal Paolo Dezza aseguró que "Pablo VI habría renunciado si hubiera podido, pero me decía: ‘sería un trauma para la Iglesia’ y no tuvo el coraje de hacerlo".

Menos conocida es la historia de Juan XXIII, que pasará a la historia por convocar el Concilio Vaticano II. En sus últimos meses de Pontificado se veía abrumado por la responsabilidad en el Concilio y por sus problemas de salud lo que le hizo también plantearse la renuncia.

Marco Roncalli pudo saber este hecho gracias al exsecretario del Pontífice, monseñor Loris Francesco Capovilla, que aún vive con 97 años y que aparece en unas memorias.

De este modo, recordada:

"Está nítidamente esculpida en mi memoria la conversación que mantuve la tarde de un viernes de cuaresma de 1963 con el obispo Alfredo Cavagna, confesor y consejero de Juan XXIII, y cuyo contenido puse inmediatamente por escrito. Monseñor Cavagna salió de la habitación del Papa después de haber escuchado su confesión y de haberse entretenido largo rato hablando con él sobre los esquemas del concilio. Me mandó llamar a la sala, suponiendo que quizá yo ya sabía algo, y, sin preámbulos, me dice que el Papa no puede renunciar. Que lo excluye Pío XII en la constitución De Sede apostolica vacante del 8 dicembre de 1945, y me cita el párrafo 99. Es evidente que durante el transcurso de la conversación Juan XXIII había considerado su estado de salud y en previsión de la enorme cantidad de trabajo necesaria para la prosecución del Concilio, debió de declararse dispuesto a renunciar al papado. Respondí a Monseñor Cavagna: ‘Conozco la constitución de Pío XII, leída durante el Cónclave en 1958. Con aquella exhortación, Pío XII alentaba al designado a aceptar el voto de los cardenales electores y a no sustraerse a la voluntad divina. Pero no toca en absoluto la tecla de la renuncia, monseñor’. Monseñor Cavagna no volvió a insistir y tampoco volvió a plantearme el argumento. Y el papa Juan XXIII, a mí, directamente, no me hizo declaración alguna en este sentido. En él, el abandono en Dios iba sólidamente unido a su fe. Voluntas Dei, pax Nostra, decía".

Tras esta angustiosa conversación queda de manifiesto esta posibilidad como al menos planteada. En la memoria, Capovilla añadía que "a las personas que estaban tentadas de dimitir de sus cargos, Juan XXIII solía decirles: ‘el buen eclesiástico no presenta su dimisión. Somete su situación a la autoridad superior y deja que esta decida...".
La decisión de Juan Pablo II

Pero es del Papa que falta en estas páginas, Juan Pablo II, del que más se ha hablado durante años de una posible renuncia y también vino a la cabeza el pontífice polaco tras el anuncio de Benedicto XVI.

El momento más rocambolesco se produjo en el 2000 con la enfermedad de Juan Pablo II y todo lo que se escribió sobre el caso. En este sentido, Roncalli recupera igualmente las declaraciones que hizo en 1996 el cardenal austriaco, Franz Koenig cuando se le preguntó por este asunto. Aseguraba que "el Papa sabe, y ha dicho, que la elección de un nuevo Pontífice cuando el anterior está todavía vivo sería un problema. Con un Papa ´jubilado’ y otro en el Vaticano la gente se preguntaría cuál de los dos cuenta".

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